La caridad no será suficiente

Artículo publicado en La Razón el 16/07/2017

logolarazon

La tesis predominante sobre la recuperación de la economía española defiende que es fruto de las reformas estructurales acometidas en los últimos años. Su corolario es que la fragmentación parlamentaria surgida de las últimas elecciones generales supone un riesgo para el crecimiento, en tanto que dificulta profundizar en la agenda de reformas estructurales. Se liga así la incertidumbre política presente al bienestar futuro.

El punto débil de este razonamiento es que el fuerte crecimiento actual se debe más a la combinación de factores macroeconómicos bien identificados (recuperación cíclica, tipos de interés, precio del petróleo, y riesgos geopolíticos en los principales países competidores del sector turístico) que a las dos únicas reformas de calado acometidas hasta el momento: la reestructuración del sector financiero y la flexibilización del mercado laboral.

La economía española recupera este año el PIB previo a la crisis y lo hace con más de dos millones de ocupados menos que entonces. Este notable incremento de la productividad sería una buena noticia sin paliativos si tuviera su origen en una disrupción tecnológica, en una mejora generalizada de la gestión empresarial, en un reposicionamiento estratégico o en la modernización de nuestro tejido productivo. La realidad es que se explica principalmente por el ajuste de plantillas y por la moderación salarial, que han llevado en muchos casos a forzar los límites de la precariedad laboral.

Se han quedado por el camino los que ya antes de la crisis eran los más desfavorecidos (el 20% de hogares con menor renta ha experimentado la mayor reducción de ingresos), estamos cercenando las perspectivas de futuro de los más jóvenes (la tasa de exclusión social entre la población de 16 a 29 años ha pasado del 22,8% en 2008 al 37,6% en 2016), y somos incapaces de dar respuesta a una brecha generacional cada vez más alarmante (los únicos hogares que prácticamente han recuperado el nivel de consumo anterior a la crisis son aquellos cuya fuente principal de renta proviene de las pensiones).

La economía española tiene el mal hábito de caer en la autocomplacencia y sobrealimentar desequilibrios fundamentales en las fases expansivas. La actual deuda externa es el fardo que nos dejaron los últimos excesos. Prestemos atención a lo que puede suponer la quiebra de la cohesión social si la recuperación económica actual no viene acompañada de una mejora estructural en la distribución de rentas.