Economía y política: variables independientes

Artículo publicado en AHORA el 18/12/2015

logoahoraUn gobierno con un mal balance económico tiene una alta probabilidad de ser derrotado en las urnas. Al contrario, un balance positivo supone una baza importante de cara a la reelección. Así, una de las dos estrategias más simples para debatir sobre la labor de un gobierno en materia económica consiste en mirar hacia atrás y comparar la evolución de magnitudes como la tasa de paro (21,4% en 2011, 22,0% en 2015), el crecimiento (-1,0% en 2011, +3,3% en 2015), el déficit (-9,5% en 2011, -4,2% en 2015) y la deuda pública (69,2% en 2011, 98,7% en 2015). La otra estrategia consiste en proyectarse hacia el medio plazo, generando expectativas más o menos creíbles que defiendan la continuidad del trabajo iniciado o la necesidad de un cambio de rumbo.

Un problema de ese tipo de ejercicios es que presuponen una relación de causalidad directa entre las políticas aplicadas durante la legislatura y la evolución del cuadro macroeconómico. Otro problema es que no casan con la teoría de los ciclos económicos, cuya literatura viene de lejos. Por citar solamente algunos clásicos, el francés Clément Juglar determinó en 1863 la existencia de ciclos económicos de unos 8 a 10 años de duración; el inglés Joseph Kitchin, en 1923, ciclos de aproximadamente 4 años en los que no existe recesión propiamente dicha sino una desaceleración del crecimiento más o menos pronunciada; y el soviético Nikolái Kondrátiev, también en los años 20 del siglo pasado, ciclos largos de unos 50 a 60 años de duración. Todos estos ciclos se combinan de manera poco evidente, sin llegar a actuar nunca como el mecanismo de un reloj.

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