Con ustedes, el próximo Parlamento español (I)

Artículo publicado en CTXT el 05/02/2015

logoctxtAdemás de la irrupción de Podemos, en las próximas elecciones generales habrá muchos otros cambios con respecto a las celebradas en 2011. Estamos ante el panorama electoral con mayor incertidumbre de los últimos treinta años.

La primera incógnita afecta al desgaste del PP tras una legislatura caracterizada por el incumplimiento de buena parte de sus promesas electorales, por la adopción de duras políticas de austeridad como única respuesta a la crisis económica y, sobre todo, por la evidencia de que la corrupción forma parte de su modo de funcionamiento natural. Los sobresueldos en dinero negro cobrados por la cúpula del PP, incluyendo al actual presidente del Gobierno (según afirma el extesorero Luis Bárcenas), deberían en buena lógica recibir un duro castigo.

El PSOE, tras años cambiando cromos con el PP, aparece a ojos de una parte de su propio electorado como el colaborador necesario de la carcoma institucional que asuela nuestro edificio democrático. Ha perdido gran parte de su influencia mediática, lo que supone un lastre especialmente pesado para un partido que necesita explicar la escala de grises en la que se mueve. Buscándose en su laberinto, ajeno a las tribulaciones de tanto socialdemócrata huérfano, tiene el abismo cada vez más cerca.

Malos tiempos también para IU, inmersa en un proceso de cambio generacional y guerras intestinas, y herida profundamente por la aparición de Podemos en escena.

A lo anterior hay que sumar el proceso soberanista en Cataluña, que también modificará el escenario electoral con respecto a 2011 (veremos qué ocurre con el pulso entre CiU y ERC, y en qué quedan los 14 escaños del PSC). En el País Vasco no será fácil para Amaiur revalidar el éxito electoral cosechado cuatro años atrás, cuando se convirtió en la quinta fuerza parlamentaria, por delante incluso del PNV. En Galicia es improbable que el BNG, tras la escisión de Anova, pueda mantener sus 2 escaños. Ciudadanos completa el panorama electoral modificando el mapa en el centro-derecha, tras decidir presentarse por libre en toda España al no haber alcanzado un pacto con UPyD.

Para estimar el efecto de todos estos cambios se necesita una encuesta electoral que tenga por ámbito las circunscripciones electorales. La estimación de voto en el ámbito nacional que elabora el CIS en su barómetro es informativa, pero no es adecuada para inferir directamente la relación de fuerzas en el próximo Parlamento.

El 23,9% de estimación de voto a Podemos que acaba de publicar el CIS no significa que vaya a superar necesariamente el número de escaños del PSOE (22,2% de estimación de voto), ni aún menos que vaya a acercarse a los que consiga el PP (27,3% de estimación de voto). Por poner un ejemplo extremo, en las pasadas elecciones CiU consiguió 16 escaños con el 4,2% de los votos mientras UPyD conseguía 5 diputados con el 4,7% de los votos. Esto es así por la distribución geográfica del voto y por el tamaño de nuestras circunscripciones electorales (las provincias), no tanto por el reparto D’Hont como se afirma a menudo.

El barómetro del CIS permite realizar una estimación de los resultados electorales a partir de los trasvases de voto entre partidos (que se obtienen al cruzar el voto directo a cada partido con el recuerdo de voto en las últimas elecciones generales). Así por ejemplo, de acuerdo con el Banco de Datos del CIS, el 40,6% del voto recibido por IU en 2011, el 26,1% del voto al PSOE y el 22,9% del voto a UPyD irían a parar a Podemos, que también se alimentaría del 17,3% de los votos recibidos entonces por el PP y del 6,6% de los votos a CiU. Podemos también se nutriría del 28,8% del voto a otras formaciones políticas menores. Además, lograría movilizar a un 17,4% de los abstencionistas, sumaría el apoyo del 13,5% de los que votaron en blanco y transformaría en voto válido el 17,4% del voto nulo. En otro orden de cosas, el 11,5% de los electores de CiU optarían esta vez por ER.

Si se aplican todos los trasvases de este tipo, entre todos los partidos, a los resultados electorales de 2011 en cada una de las circunscripciones electorales, se obtiene que Podemos irrumpiría en el Congreso de los Diputados con una horquilla de 86 a 88 diputados (la horquilla responde a escaños asignados de acuerdo con la ley D’Hont con menos de mil votos de diferencia con respecto a su seguidor inmediato), dejando al PP entre 133 y 137 escaños y al PSOE entre 88 y 91. IU se dejaría 7 de sus actuales 11 diputados y UPyD conseguiría únicamente 2 escaños.

En Cataluña, CiU pasaría de los 16 escaños actuales a una horquilla de 10 a 12 y ER sería el único partido, junto a Podemos, en incrementar su presencia en el Parlamento, pasando de los 3 diputados actuales a una horquilla de 4 a 5. En el País Vasco, Amaiur conseguiría 6 o 7 diputados y el PNV 4 o 5. Geroa Bai perdería su único representante en Navarra.

Puede sorprender el severo castigo al PP (perder un 7,3% de sus votantes en beneficio de Podemos le costaría entre 49 y 53 diputados) y el relativo aguante del PSOE (a pesar de que Podemos arrastra al 26,1% de sus votantes, solamente perdería entre 19 y 22 escaños). Esto se explica, por una parte, porque existen otros trasvases de voto entre partidos. Por ejemplo, el PSOE recibiría el 4,5% de quienes optaron por el PP en 2011, movilizaría al 7,4% de los abstencionistas y recuperaría un 6,8% de los votos en blanco. En cambio el PP perdería el 3,6% de sus votantes en beneficio de Ciudadanos y otro 1,9% que iría a parar a UPyD.

En segundo lugar, la pérdida de escaños del PP se explica porque sus resultados en las elecciones generales de 2011 fueron especialmente brillantes. En muchas provincias se llevó el último diputado en liza, de modo que la entrada de un nuevo competidor como Podemos hace que ese último escaño lo pierda el PP y no el PSOE. Las batallas triangulares PP/PSOE/Podemos en algunas provincias darán más de un quebradero de cabeza a las empresas de sondeo.

La irrupción de Podemos cambia muchas cosas. Pone fin al bipartidismo, rediseña la relación de fuerzas en la izquierda, condena a IU a la marginalidad y deja las opciones de gobierno del siguiente modo: PP en solitario (si saca adelante la investidura por mayoría simple) o las coaliciones PP+PSOE o PSOE+Podemos (con, eventualmente, algún otro apoyo). Los partidos nacionalistas pierden su condición de bisagra. Hagan juego…