¿Recortes sociales en Francia? ¿Qué recortes?

Artículo publicado en CTXT el 02/02/2015

logoctxtDesde que François Hollande anunció a principios del pasado año un ajuste presupuestario de 50.000 millones de euros para el periodo 2015 a 2017 todo ha sido ruido en Francia.

Bruselas considera que el esfuerzo anunciado por París para los próximos años es insuficiente para alcanzar los objetivos de estabilidad presupuestaria. Por su parte, Francia, que es perfectamente consciente de ser el Estado de la zona euro que más veces ha incumplido los límites de déficit marcados en el Tratado de Maastricht (su último superávit presupuestario se remonta a 1974), agita con vehemencia la bandera de la soberanía fiscal nacional.

Lo curioso del caso es que la agitación interior no resulta esencialmente de un enfrentamiento con Bruselas y tampoco proviene de la oposición. La UMP está demasiado ocupada en buscar una salida a su propio laberinto y el Frente Nacional no hace sino recoger la fruta madura de un descontento social creciente. Es en el seno de las filas socialistas, en el poder, donde se ha abierto una fosa entre quienes defienden el libreto socialdemócrata de estímulos a la demanda y quienes apoyan las medidas de estímulo a la oferta adoptadas por Hollande.

La agitación ha sido tal que, en tan sólo nueve meses, ha habido tres presidencias del Gobierno, tres ministros de Economía y una rebelión en la Asamblea Nacional que amenaza con hacer añicos la mayoría parlamentaria en cada votación. El mismo Paul Krugman, desde la otra orilla del Atlántico, ha llegado a preguntarse si es plausible que Marine Le Pen acabe sacando a Francia del euro y de la Unión Europea

La cuestión de fondo, afirman los socialistas contestatarios, consiste en defender el modelo de bienestar francés. La causa es noble, sin duda, pero mejor hacerlo con cifras.

Los Presupuestos Generales de Francia hablan de reducir el gasto público del 56,5% del PIB en 2014 al 56,1% en 2015. Con este esfuerzo se conseguirá que el déficit público pase del 4,4% en 2014 al 4,3% en 2015. Estamos hablando de reducir el gasto en 0,4 puntos y el déficit en 0,1 puntos. Si damos por buenas las últimas previsiones de la Comisión Europea, que tienen en cuenta el ajuste presupuestario anunciado por Hollande, el déficit público francés será el mayor de la zona euro en 2016: 4,7% del PIB en lugar del 3,8% que París prevé en sus Presupuestos Generales.

Se han escrito magníficos titulares de prensa sobre los 9.600 millones de recortes en gasto social presupuestados para 2015 y sobre el tijeretazo de Manuel Valls a las ayudas a las familias. Sorprende la voracidad mediática a este respecto, puesto que ni el mismo secretario de Estado de Presupuestos fue capaz de detallar los recortes sociales en la presentación de los presupuestos de la Seguridad Social.

Los 3.200 millones de euros en recortes del gasto sanitario dieron que hablar, pero pocos han leído la letra pequeña.  Francia contabiliza un esfuerzo presupuestario por esta cantidad porque la inercia del sistema sanitario habría incrementado el gasto en unos 7.000 millones el año que viene. Con el ajuste presupuestario solamente crecerá 3.800 millones. Lo esencial es que el gasto sanitario francés seguirá representando este año el 8,4% del PIB, lo mismo que en 2014.

Para hacernos una idea, consideremos el caso de España donde, de acuerdo con el Plan Presupuestario 2015, el gasto público en sanidad pasará del 5,9% al 5,7% del PIB. Teniendo en cuenta las previsiones de crecimiento recogidas en dicho documento, esto supone una disminución de 490 millones de euros en 2015. Por si no queda clara la diferencia entre un caso y el otro recordemos que, según la Estadística de Gasto Sanitario Público del Ministerio de Sanidad español, el tijeretazo en los años 2010 a 2012 supera los 6.400 millones de euros (cifras de gasto efectivo).

La otra partida presupuestaria de gran eco mediático han sido las ayudas a las familias. El importe total de los recortes por este concepto asciende a 700 millones de euros (no falta ningún cero), una cantidad menor en términos de contabilidad nacional aunque pueda tener un impacto social considerable.

Ahora bien, resulta que el recorte procede de haber modulado las ayudas con el nivel de renta de las familias perceptoras. ¿Con qué límite? A partir de 6.000 euros netos mensuales, una pareja con dos hijos ve sus ayudas dividas entre dos; a partir de 8.000 euros se dividen por cuatro. ¿Es mucho o poco? La renta disponible media por hogar en 2012 rondaba los 3.000 euros mensuales, de acuerdo con el último dato facilitado por el instituto nacional de estadística francés. ¡Que vivan los recortes!

El ajuste en sanidad más los recortes en ayudas a las familias más el resto de recortes en las prestaciones de la Seguridad Social (entre otros, el ahorro de costes por digitalización de servicios) hacen un total de 4.100 millones de euros. ¿Dónde están los miles de millones que faltan hasta llegar a los 9.600 millones de recortes en gasto social?

El secretario de Estado de Presupuestos aseguró, en su intervención del pasado 21 de octubre, que los restantes 5.500 millones corresponden a “medidas decididas con anterioridad a los Presupuestos pero que entrarán en vigor en 2015”. No hay, por lo tanto, más recortes sociales en los Presupuestos del Gobierno Valls para este año que los anteriormente señalados.

Lo que sí hay es una manera un tanto oscura de contabilizar en los Presupuestos la evolución del gasto en prestaciones por desempleo y los efectos de la última reforma de las pensiones, pues ésas son algunas de las medidas a las que se refiere el párrafo anterior y que, con razón, sembraron confusión en la presentación inicial de los presupuestos de la Seguridad Social. Estas cifras todavía darán que hablar.

No es de extrañar, por lo tanto, que la Comisión Europea esté insatisfecha con las cuentas del déficit público francés (incluso después de los 3.600 millones de ajustes de última hora, que no afectan al gasto social). Lo sorprendente es la convicción generalizada de que Francia se ha convertido ciegamente a la austeridad cuando, en realidad, se resiste a hacerlo. Demasiado ruido no es bueno.